FLORACIÓN DE LA VID

Junio 2023

Uno de los estados fenólicos más importantes en el ciclo de la vid es su floración. Sucede a finales de primavera, en el hemisferio norte entre los meses de mayo y junio, y en el hemisferio sur entre noviembre y diciembre, cuando las temperaturas superan los 18º C. Esta floración marcará y será decisiva en el volumen de producción de la futura cosecha. La flor de la vid es muy pequeña y poco vistosa, cada racimo o inflorescencia puede contener varios cientos de flores, que serán las futuras bayas. Los pétalos de la flor de la vid se encuentran guardados en una estructura verde denominada “corola”, que bloquea los órganos reproductores de la flor. En la floración la corola se abre y desprende la flor, que deja los órganos reproductores masculino y femenino al descubierto. Por lo general la vid es una planta hermafrodita o bisexual, su flor contiene los dos sexos, femenino y masculino y se reproduce por sí sola. Cada flor se compone de un pistilo (órgano femenino) y cinco estambres, cada uno con una “antera” en la punta (órgano masculino). Las anteras producen unos pequeños granos de polen amarillo (gametos masculinos) los cuales fecundarán el pistilo. La floración dura aproximadamente de una a tres semanas, dependiendo de las condiciones climáticas, variedades, etc. empezando a finales de mayo y terminando a principios de junio. Con el aumento de temperaturas debido a el calentamiento global, hay una tendencia a adelantar las fechas de floración y a acortar estos tiempos de floración. En este tiempo el polen cae sobre el pistilo y gracias a los azúcares y nutrientes que segrega la vid germina los óvulos, que crecen rápidamente y constituyen los granos de uva. Esta transformación de flor en fruto se conoce como cuajado. Pero no todas las flores hacen fruto, muchas veces ocurre el llamado corrimiento o escurrido de la flor, es decir, una mala fecundación de los racimos. Entre las causas más usuales del corrimiento de la flor se encuentran los problemas de polinización, la irregularidad en la distribución de los azúcares en las flores o una carencia o exceso de nutrientes en el suelo como la falta de boro, hierro o exceso de nitrógeno. Las malas condiciones climáticas como un exceso de lluvias o heladas tardías tendrán un efecto extremadamente negativo sobre la floración. Hay determinadas variedades muy sensibles al tiempo y que puede afectar gravemente a la cosecha, como por ejemplo son las Garnachas, en cambio, otras como el Tempranillo son mucho más resistentes. 

Hay variedades con flores únicamente femeninas, en las que los estambres masculinos se han reducido o son completamente infértiles, esto suele ocurrir con las uvas de mesa. Sin embargo, dependen inevitablemente de la fecundación cruzada, por lo que su rendimiento varía mucho en función de las condiciones de floración y del éxito de la fecundación. En las variedades sin semillas como la Sultana, los órganos reproductores femeninos son infecundos. El crecimiento del tamaño de estas bayas sin semillas puede inducirse artificialmente mediante hormonas de crecimiento. En cambio, las vides silvestres tienen órganos sexuales masculinos o femeninos, en este caso ambos órganos están presentes en la planta, pero sólo uno de ellos está desarrollado funcionalmente, mientras que el otro está suprimido hormonalmente, por lo tanto, en las plantas Vitis Vinifera Silvestres no es posible la autofecundación y la fecundación de las plantas femeninas sólo puede producirse mediante la polinización cruzada con el polen de una cepa masculina. La recombinación forzada del material genético de las plantas paternas y maternas en este caso mantiene la diversidad genética en una población silvestre y facilita así las adaptaciones a los cambios ambientales. En la viticultura sin embargo esto no es deseable debido a los rendimientos inciertos. Muchas de las variedades utilizadas como portainjertos son híbridos de vides silvestres. En la cría de portainjertos se prefieren las variedades con flores masculinas porque requieren menos esfuerzo debido a la falta de uvas. 

Todas las especies de vid con la misma estructura de ADN pueden cruzarse entre sí, las Europeas (Vitis vinifera) y la mayoría de las variedades Americanas y Asiáticas. Esto significa que la mayoría de las variedades pueden polinizarse entre sí y también pueden cruzarse, creando así nuevas variedades. Si las semillas germinan, las plántulas resultantes de esta polinización serían cruces espontáneos de dos plantas madre. Es muy probable que surja una variedad con nuevas características diferentes a la variedad madre cuando se ha producido una polinización cruzada por otra variedad. De este modo a lo largo de miles de años, han surgido espontáneamente innumerables variedades de uva de forma natural, sin intervención humana, por ejemplo la Cabernet Sauvignon cruce entre Cabernet Franc y Sauvignon Blanc, Tempranillo cruce entre Albillo Mayor y Benedicto, etc. Uno de los últimos casos conocidos es el Tempranillo Blanco que se produjo en una finca de la Rioja.

Fuente. wine.es                                                                                       Tempranillo blanco

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