ENTREVISTA AL ENÓLOGO
FELIPE BLANCO PINILLA

El Jaraíz de La Mancha / Prado Donoso                        Marzo 2024

Compartimos con vosotros una entrevista con Felipe Blanco Pinilla, el prestigioso enólogo nacido en Tomelloso reconocido con multitud de premios y medallas por toda una vida dedicada al mundo del vino. Muy valorado en tierras manchegas por ser el creador del Añil de Vinícola de Tomelloso, ganador del Zarcillo de Oro en el año 91, “el vino de Tomelloso era galardonado como el mejor de España”. Pero ha sido en Las Canarias donde Felipe Blanco ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional, en Lanzarote y principalmente en Tenerife, situando los vinos canarios como el “Malvasía” de El Grifo o los tintos “Viña Norte” y “Humboldt” de Bodegas Insulares en el mapa mundial de los mejores vinos. Cuando hablas con él de estos logros, siempre expone por delante lo fundamental que es el trabajo en equipo, teniendo muy claro que un buen equipo humano competente es la clave para sacar adelante los proyectos, partiendo siempre del buen trabajo del agricultor en el campo.

Felipe Blanco es Ingeniero Técnico Agrícola de la primera promoción de la Escuela Universitaria de Ciudad Real. Que quería dedicarse al mundo agrícola lo tuvo claro desde siempre, ya de niño acompañaba a su padre al campo, y recuerda con cariño aquellos años de vendimias en familia. Vivió los años de la progresiva mecanización, el tránsito de la vendimia tradicional en carros con mulas al moderno tractor. Cuando estudiaba bachillerato y se enteró de que en Ciudad Real comenzaba en 1969 la andadura de la Escuela Universitaria de Ingenieros Técnicos Agrícolas (hoy Escuela de Ingenieros Agrónomos) no lo dudó, se matriculó y con una beca de estudios de la Caja Rural, junto a su esfuerzo y su buen expediente conseguió su objetivo. Una vez finalizados sus estudios, su primera experiencia laboral fue como responsable del laboratorio en la Cooperativa Virgen de las Viñas de Tomelloso, y en ese tiempo ya decidió que quería dedicarse a la enología.

En la fotografía Felipe Blanco en VINEXPO (Burdeos) 1991

Un año después, en 1976, le ofrecieron trabajar en Bodegas Mozaga de Lanzarote siendo el responsable de la elaboración de los vinos y también de un campo de más de cien hectáreas. Su llegada a la isla coincidió con toda una revolución ya que de hacer vinos de poca calidad que no se embotellaban, eran para autoconsumo o granel, avanzaba la década de los 70 en la que se comenzó a embotellar, en cuyo auge mucho tuvo que ver Felipe Blanco y por lo que ha recibido multitud premios. Como a él le gusta recordar “es de los primeros enólogos que además iban al campo atendiendo la relación entre la vid y la calidad del vino”, reforzando esa sintonía entre agricultor y enólogo. En Mozaga estuvo algo más de tres años para regresar a la Península a una bodega de Las Mesas (Cuenca) como responsable técnico donde se familiarizó con técnicas como la microfiltración o el tratamiento de frío, que en Lanzarote no utilizaba nadie. Anteriormente ya había realizado cursos de estabilización de vinos o vinificación por el sistema de maceración carbónica, al igual que había asistido a numerosas Jornadas Técnicas y Foros sobre la calidad y la comercialización de vinos, tanto en Canarias como en la Península.

En 1981 regresa a Lanzarote esta vez como Director Técnico y Gerente de Bodegas El Grifo, que tenía una escasa actividad entonces, colocándola en los diez años que estuvo como la mejor de Canarias y de las más importantes de España con numerosos premios nacionales e internacionales. Uno de sus logros en esta bodega fue colocar en 1983 al “Malvasía Semiseco El Grifo 1982” entre los cinco mejores vinos blancos de España.

En 1990 decidió volverse a Tomelloso al conocer el proyecto de Vinícola de Tomelloso donde fue responsable técnico y Gerente. Ahí desarrolló excelentes vinos Airén consiguiendo importantes reconocimientos pero como ya nombramos antes fue con el Añil con el que llegó el gran éxito. Tras un proyecto de reestructuración en los viñedos algunos socios decidieron plantar Macabeo, siendo la primera una magnífica cosecha. Había que ponerle nombre al vino, y Felipe lo encontró buscando en el diccionario, “Añil”, el azul añil tan característico en las fachadas de las casas de La Mancha, fue un vino que gustó desde el primer momento, y el Zarcillo de Oro fue la gran recompensa, el máximo galardón de los Premios Zarcillo, un concurso de cata de vinos que se celebra en Castilla y León, uno de los más importantes de España y uno de los más prestigiosos a nivel internacional.

En la foto de Vinícola 1992, de izquierda a derecha, Felipe Blanco. Mario Hernández Bueno, Xavier Domingo y Adolfo, propietario del Restaurante Adolfo de Toledo

Y de nuevo de vuelta a Canarias, esta vez a Bodegas Insulares de Tenerife donde estuvo desde 1992 hasta 2009. En esta etapa puso en marcha la Destilería Insular, en 2002, obteniendo unos aguardientes de orujo de uva que fueron bien valorados por los consumidores y por la crítica especializada. En esta etapa colocó los vinos de esta bodega entre los mejores, en especial, Viña Norte y Humboldt, en una sucesión interminable de éxitos con los máximos galardones en los principales concursos de vino del mundo. Como escribió Tony Patrick en un Artículo para The Times Weekend el 31de Agosto de 1996, “merece la pena visitar las Bodegas Insulares, produce lo mejor de las Canarias: el Viña Norte. Este vino se puede comparar con los más famosos de Francia, Italia y la España peninsular. Este tinto de maceración carbónica lo elabora Felipe Blanco a partir de las variedades Listán Negro y Negramoll con increíble técnica, combinando las uvas producidas por 500 viticultores y que se agota cada año tan pronto como sale al mercado”

Cuando acabó la relación de Felipe Blanco con Bodegas Insulares, le llamaron inmediatamente de Bodegas Los Bermejos de Lanzarote donde sobre todo desarrolló los tintos con la listán negro con los que alcanzó la excelencia, una variedad autóctona de las Islas Canarias; y al mismo tiempo colaboró hasta su jubilación en diciembre de 2014 como asesor de Bodegas Presas Ocampo en Tacoronte - Acentejo.

Una de las mayores satisfacciones de Felipe Blanco fue en noviembre de2018 el nombramiento como Cofrade de Mérito por la Cofradía del Vino de Canarias por su labor de promoción de los vinos de Canarias; también el Premio San Andrés en 2005: “Por la contribución y dedicación en favor del Desarrollo de la Viticultura y Enología de la Isla de Tenerife.” (Otorgado por la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias, por la Consejería de Agricultura del Cabildo de Tenerife y por los Consejos Reguladores de las cinco D.O. de Tenerife). Y son muchos más los premios y reconocimientos, los de toda una vida dedicada con verdadera pasión al mundo del vino, más de 150 medallas y premios entre oros, platas y bronces. También cuenta con experiencia docente ya que fue profesor en dos Másteres de Enología organizados por la Universidad de La Laguna, ponente en varios Seminarios, y conferenciante en varias jornadas y cursos de Enología.

“Baco de Oro en 1994 (Viña Norte Tinto Maceración Carbónica 1993), en el
Concurso anual de vinos jóvenes de la U.E.C. 1994”.

¿Habiendo dedicado toda su vida profesional al mundo del vino qué vivencias recuerda con más cariño?

En cuanto a las vivencias creo que el propio hecho de haberme dedicado a hacer vino, ha sido mi vocación, mi pasión y algo que he amado profundamente. Verte envuelto en todos los aromas de fermentación, cuidar todos los procesos hasta ver conseguido el objetivo de lograr un buen vino que gustase a la gente…

Recuerdo la brisa nocturna, los alisios, en Lanzarote, mezclada con esos aromas de la fermentación, mientras terminábamos los trabajos del día. El frescor de la noche nos permitía dejar las uvas que entraban más tarde en una era, en sus cajas de vendimia, para así poder procesarlas a primera hora del día siguiente.

La elaboración del vino supone afrontar cada año un nuevo periplo, hay que adaptarse a las condiciones de cada cosecha, saber interpretar lo que exige cada variedad.

La relación con los viticultores que, sobre todo en Canarias, han sido los que han conservado un paisaje único. A veces algunos de ellos recogían las medallas de los vinos y eso me emocionaba especialmente.

¿Y de qué logros se siente más orgulloso?

De haber contribuido a mejorar las condiciones de los viticultores, la calidad del vino, los premios y todo eso, debe tener como objetivo principal que el viticultor perciba un precio razonable por su uva para que la viña no se abandone.

Al compatibilizar mis tareas de enólogo con las de gerente, que las bodegas que he dirigido hayan sido viables económicamente y que ello se haya traducido, sobre todo en Bodegas Insulares Tenerife, una sociedad anónima mixta, en la que más socios viticultores pequeños y medianos había, que cultivar la viña les fuera rentable. También que los miembros del Consejo de Administración estuvieran tranquilos porque la sociedad siempre tuvo unas cuentas de resultados positivas. Siempre sobre la base de obtener los mejores vinos. 

¿Cómo ve en la actualidad el movimiento en torno al mundo del vino?

No estoy muy al corriente, casi todos los vinos tienen una calidad como mínimo muy aceptable o son grandes vinos. Me preocupa la situación de los viticultores, el vino no ha subido prácticamente de precio, como consecuencia el viticultor se ha visto obligado a aumentar la producción, reducir costes, y creo que tiene mucha dependencia de las subvenciones.

¿Cómo describiría su creador en una cata el Añil de Vinícola de Tomelloso?

Cosecha tras cosecha se mantiene una calidad muy alta, es un vino muy limpio y atractivo a la vista con un color blanco con tonos verdosos, de aroma intenso a frutas blancas, matices  de lichis y de piña, también aparecen notas de hierbas aromáticas, en boca es suave, envolvente, dejando unas sensaciones muy agradables y persistentes.

Ha conocido a personas importantes del mundo del vino y otras personalidades, si quiere nombrar a algunos especialmente…

Tengo que nombrar en primer lugar a mi amigo Mario Hernández Bueno, periodista gastronómico y Premio Nacional de Gastronomía, cuyo apoyo me ha sido de gran valor. Y a mi otro amigo Salvatore Colombi, que me ayudó mucho con sus consejos. También tuve la suerte de hablar en varias ocasiones con César Manrique, Alfredo Kraus,… 

Y muchos otros de los que guarda grandes recuerdos, no podría nombrar más y dejar a alguno en el olvido...

Felipe Blanco con el artista canario César Manrique

Gracias Felipe Blanco, gracias por tu gran labor y por toda una vida profesional dedicada a alcanzar la excelencia en el mundo del vino.

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